Señales y Prodigios

Introducción

'De cierto de cierto os digo: el que en mí crée, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores obras hará, porque yo voy al Padre' (Juan 14:12).

Jesús sanó a los enfermos, echó fuera demonios, abrió los ojos de los ciegos, caminó sobre las aguas, transformó agua en vino y resucitó a los muertos. Después de haber hecho todo esto, dijo que otros harían igual, pero además harían mayores obras. ¿Es que sus seguidores cumplieron sus palabras? Por supuesto, sanaron a los enfermos, echaron fuera demonios, y resucitaron a los muertos, además de hacer otros milagros, pero ¿hicieron mayores obras que las que hizo Jesús?

¿Qué obras mayores pudieron haber hecho? Hay algo mayor que resucitar a los muertos?

Algunos dicen que Jesús encarnado en forma de hombre era una persona sujeta a las limitaciones del tiempo y del espacio. Sus seguidores eran muchos y estaban repartidos por todo el imperio romano y más tarde por todo el mundo, y por lo tanto fueron capaces de hacer más de lo que él hizo Está claro que eso es cierto, pero más no es lo mismo que mayor. ¿Podrá ser mayor lo que hicieron los dicípulos, y lo que nosotros podamos hacer, que lo que hizo Jesús?

¿Qué es lo que Jesús realmente quería decir? Decir que podemos hacer obras mayores que las que hizo él parece blasfemia. Pero negar sus palabras y decir que eran erróneas constituye blasfemia segura. Dijo muy claramente a sus discípulos que aquellos quienes en él creyeran, harían mayores obras que las que él hizo.

Con su ayuda escudriñaremos el significado de estas palabras tan difíciles, y en el proceso aprenderemos valiosas lecciones espirituales.

¿Qué hacía Jesús?

Jesús comenzó su ministerio público cuando habló en la sinagoga en Nazaret, leyendo del libro del profeta Isaías. Éstas fueron las palabras que leyó: 'El espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad alos oprimidos; a predicar el año agradable del Señor' (Lucas 4:18,19).

Jesús continuó diciéndoles: 'Hoy se ha cumplido esta escritura delante de vosotros' (Lucas 4:21). Para un hijo de un carpintero, que había crecido entre ellos, decir esto suponía decir algo muy grande. Él les dijo que él era el cumplimiento de esta profecía, profetizada hace 700 años.

¿Qué significado habrían tenido estas palabras del capítulo 61 de Isaías para los miembros de la sinagoga de Nazaret? En primer lugar, habrían recordado -como todos los años en Pascua- que sus antepasados habían sido esclavos en la tierra de Egipto. En Egipto habían sufrido opresión y pobreza hasta que Moisés vino a librarles, obrando señales y prodigios por el poder de Dios.

En segundo lugar, habrían recordado el año de Jubileo, el año favorable del Señor. Este año especial que se celebraba cada 50 años, solo llegaba una vez en la vida para la gran mayoría de la gente. Cuando occuría en tiempos antiguos, todos los esclavos eran puestos en libertad y todas las tierras eran devueltas a sus proprietarios. ¿Pero qué significado tendría esto bajo la ocupación romana? ¿Cómo cumpliría Jesús estas escrituras?

Apenas tengo necesidad de escribir acerca de todo lo que pasó en los próximos tres años. Mateo, Marcos y Juan lo han documentado en gran detalle. Jesús hacía el bien por donde iba. Todo lo que Isaías predijo se cumplió. Jesús trajo las buenas nuevas del reino a los pobres en Galilea. Nadie sabe cuántos enfermos fueron sanados y rescatados del poder de la muerte. Aquellos que eran oprimidos y angustiados por las potestades de las tinieblas fueron liberados. Ocurrieron milagros increíbles. Aún aquellos que habían nacido ciegos fueron sanados. Es más, resucitó también a los muertos, tal como lo habían hecho Eliseo y Elías en el pasado. ¡Pero, son pocas las veces que uno piensa que los milagros del pasado puedan ocurrir de nuevo en el presente!

Podemos imaginarnos el jubileo de aquellos quienes fueron sanados y liberados. Es posible que muchos de nosotros hayamos experimentado algunas de estas cosas. Para los discípulos debió de ser increíble poder hacer estas cosas, además de verlo. En las escrituras habían leído cosas iguales, pero nunca habían imaginado que un día estas cosas ocurirían delante de sus propios ojos, y que a través de sus manos, muchos serían sanados.

¿A dónde llevaría todo esto? ¿Era Jesús otro Moisés para liberar a Israel de la mano de los Romanos, tal como Moisés les liberó de los Egipcios? ¿Sería otro David, para restaurar la fuerza militar de Israel? ¿El poder milagroso de Jesús traería el reino de paz, sanidad y prosperidad al mundo? ¿Iba a ser el fin de todas las enfermedades, de la pobreza y de tantos otros problemas que acechan al ser humano? La anticipación y la expectación de los discípulos y de la muchedumbre que le seguía, debió de ser incontenible.

¿Qué pensaba Jesús?

Había una persona que no sentía tanta euforia, esa persona era Jesús.

Cuando las multitudes le seguían para oír sus enseñanzas, o para ver cómo sanaba, él se retiraba a la cima de las montañas para orar y para estar solo con Dios. Cuando en Judea se decía que él tenía más discípulos que Juan, se retiró, y partió a Samaria.

En vez de concentrar todos sus esfuerzos en su maravilloso ministerio, que era de tanta ayuda y bendición a las multitudes, a menudo pasaba su tiempo dando enseñanzas que ni sus propios discípulos entendían. Mientras que ellos pensaban en sus milagros, Jesús pensaba en otras cosas. A medida que pasaba el tiempo les comenzó a decir que iba a morir y resucitar otra vez. Los discípulos querían que su ministerio siguiera y continuase para siempre. Pero él y su Padre tenían otro plan mejor, que ellos no entendían en ese momento.

En una ocasión, Jesús dijo: 'De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio (limito, en la traducción Inglesa) hasta que se cumpla! (Lucas 12:50). Jesús sabía que su ministerio, que tanto maravillaba a sus discípulos, era limitado. Deseaba poder hacer las cosas que le eran ahora imposibles, que más tarde haría a través de sus discípulos. Estas eran las obras mayores que sólo podrían tener lugar después de que él se haya ido con el Padre.

Voy al Padre

En la última noche antes de su muerte, Jesús estuvo con sus discípulos, preparándoles para lo que iba a suceder. Juan escribe con mucho más detalle que Mateo, Marcos o Lucas, acerca de todo lo que Jesús dijo esa noche inolvidable. Al igual que Mateo, Juan estaba presente aquella noche, pero además, estaba más cerca a Jesús y comprendió más de lo que decía, que los otros discípulos. También tuvo más tiempo para reflexionar en ello, y cuando finalmente decidió escribir, había crecido mucho en entendimiento. Ocupa los capítulos 14, 15 y 16 de su evangelio.

En esta ocasión, como en tantas otras ocasiones, les costó a los discípulos entender exactamente todo lo que decía Jesús. ¿Por qué sería esto? No creo que la razón fuera que eran simples. Supongo que eran tan inteligentes como la gran mayoría de nosostros. Tampoco era porque Jesús no explicara las cosas claramente. Estoy seguro de que era un maestro en la comunicación.

¿Sería quizá porque sus discípulos eran principiantes espirituales? Es poco probable, por lo menos si los comparamos con lo estandards de hoy en día. Desde la niñez habían escuchado las enseñanzas y las predicacciones de Juan el Bautista, y también a Jesús durante tres años. Habían visto, y tambien habían hecho milagros. ¡Uno no puede decir que eran novatos, si habían oído las mejores enseñanzas, y habían visto más milagros que todos los líderes de nuestras iglesias puestas juntas!

La razón por la cual los discípulos no entendían a Jesús, era porque todavía no habían recibido el Espíritu Santo. Sin el bautismo y la presencia interior del Espíritu Santo, no podían tener una experiencia interior de las cosas de las cuales hablaba Jesús.

La situación hoy en día ha cambiado muy poco, de como era en aquel entonces. Sin una revelación del Espíritu Santo, es imposible -tal como era en aquel entonces- entender lo que Jesús dijo. Las palabras que habló Jesús a sus discípuos la noche antes de ser entregado, solo cobrarán sentido a medida que conozcamos la iluminación interior del Espíritu de Dios.

Sigamos pues, en actitud de oración, a considerar y a tratar de comprender algo de lo que Jesús dijo a sus discípulos, aquella noche tan eventual.

El capítulo 14 comienza con las palabras: 'No se turbe vuestro corazón; créeis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis' (Juan 14: 1-3) .

Muchas personas no avanzan mucho más allá del pensamiento de que 'si crees en Jesús, irás al cielo cuando mueras'. Tales personas, creen que en este pasaje, Jesús estaba reconfortando a sus discípulos con la promesa de una mansión en el cielo, o bien para cuando murieran, o para cuando Jesús regresase. Al leer el resto del pasaje, es evidente que no se refería a esto.

Jesús no estaba reconfortando a sus discípulos con la esperanza de una morada maravillosa en algún sitio lejano en el cielo, donde podrían ir después de una vida de sufrimiento y de dificultades aquí en la tierra. Él tenía algo mucho mejor para darles. Él hablaba de un nuevo lugar espiritual donde podrían entrar ahora. Hablaba del presente en vez del futuro.

Mientras que Jesús estaba en la tierra, sus discípulos estaban con él a nivel físico, pero no a nivel espiritual. Aunque estaban en un mismo plano físico, ocupaban distintos planos en cuanto al nivel espiritual. Como dijo a los fariseos, él procedía de lo alto, y ellos de abajo. Él procedía de Dios, ellos procedían de Adán. Él procedía del cielo, ellos de la tierra. Él quería que sus seguidores estuvieran en un mismo plano espiritual en la que estaba él. Esto sólo sería posible después de su muerte, resurección, y regreso al Padre.

En la última oración que aparece en las escrituras Jesús rogó al Padre: '...Glorífícame tú para contigo, con aquella gloria que tuve antes que el mundo fuese' (Juan 17:5). En el principio, antes de que fueran creados el cielo y la tierra, Jesús compartía la gloria del Padre. La palabra Hebrea para gloria - kavod - significa peso o importancia. La palabra Griega doxa (doxa), originalmente significaba algo que tuviera una reputación muy alta, pero que también era resplandeciente y esplendosa. No hay palabras humanas que podrían alcanzar a describir el honor, la majestad, el poder y la importancia que Jesús compartía con su Padre.

Llegó un momento cuando dejó todo esto de lado y se encarnó en hombre, naciendo de María. Fue sujeto a limitaciones y restricciones que son difíciles de entender para nosotros como seres humanos. En la víspera de su regreso, a pesar de saber que tenía que pasar por la muerte, anticipaba con gozo su restauración a la gloria del Padre. Después de su muerte y resurección sería reestablecido con su Padre. En toda la historia y en la imaginación humana no había nada que podría compararse con lo glorioso que sería su vuelta triunfal al Padre.

José ocupaba una posición importante en su juventud, al ser hijo de un hombre rico y respetado. Fue tomado cautivo, y vino a ser un siervo de un oficial en Egipto. Había bajado de nivel. Bajó aún más cuando fue puesto en la cárcel. Pero un día, de forma muy súbita, fue ascendido al puesto más imoportante del país. El imperio poderoso de Egipto estababa bajo su control y al tanto de sus órdenes. Le fue otorgado todo poder.

La dramática y maravillosa historia de José es semejante y nos recuerda a la historia de Jesús, en cierta medida. El retorno de Jesús al Padre fue una exaltación desde una más gran profundidad, a un plano de poder y gloria mucho más elevado que un ser humano jamás podría ocupar.

En cuanto Jesus regresara a esa posición junto al Padre, podría cumplirse su oración: 'Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado antes de la fundación del mundo' (Juan 17:24). No solo volvió Jesús al lugar de gloria a la diestra del Padre, sino que también de una forma prodigiosa sus discípulos fueron a compartir ese lugar con él. En espíritu, fueron donde él fué. Él los recibió a sí mismo. No esperó a que murieran para recibirles. No regresó de forma física a la tierra una segunda vez para recirbirles. Sino que les recibió a sí mismo por el Espíritu Santo mientras que ellos caminaban por este mundo en sus cuerpos mortales.

Esto era el secreto de las obras mayores que iban a hacer. Empezaron a operar en una esfera espiritual mucho mayor. Entraron en una dimensión que no habían visto -una dimensión que nadie puede ver hasta que es nacido milagrosamente por el espíritu y empieza a ver el reino de Dios.

Todo esto ocurrió cuando el Espíritu Santo vino en Pentecostés. Los discípulos entraron en un nuevo lugar con Dios. Empezaron a estar donde Jesús estaba. Según Pablo, Cristo los resucitó y los hizo sentar en los lugares celestiales con él, (ver Efesios 2:6). Continuaron haciendo milagros en lo natural, pero ahora había una gran diferencia. Sabían ahora que estos milagros no eran más que cosas visibles que atraían la atención del hombre. Invisible al ojo humano, pero visible a Dios, empezaron a hacer obras mayores. Estas obras mayores ocurrían en el plano escondido del espíritu. Eran el equivalente espiritual de las señales físicas que Jesús había obrado.

Señales

Mateo, Marcos y Lucas generalmente usan la palabra dunameis, que significa acto de poder para describir los milagros que Jesús hacía. Juan usa más la palabra seemeion o señal.

Una señal, en sí misma, no tiene ningún valor. Señala a algo. Tiene que tener un significado. Cuando uno está viajando hacia algún destino, no se detiene cuando llega a una señal, sino que sigue yendo hacia su destino, con nuevas fuerzás porque sabe que va por el camino correcto. ¡Señales que apuntan a lugares que no existen no tienen ningún valor!

Juan, más que ningún otro de los discípulos, vío como las señales y los milagros que hacía Jesús señalaban más allá de sí mismos, a unas realidades espiriuales. Apuntaban a cosas mayores que llegarían a hacer aquellos que creerían en Jesús.

Pasemos ahora a considerar las señales que hicieron Jesús y sus seguidores, y a buscar las realidades espirituales a las que apuntan.

El significado de las señales.

Transformando agua en vino

El primer milagro de Jesús fue el de transformar agua en vino. Las celebraciones de una boda estaban en crisis porque el vino se había agotado. Cerca habían seis tinajas de piedra. Jesús dijo a sus discípulos que las llenaran de agua, y después que tomaran un poco, y la llevaran al maestresala. El agua se había convertido en vino. A nivel humano, una situación muy embarazosa se había resuelto. No hay duda de que creó mucha expectación, y que pronto rumores se extendieron por los alrededores. Nada como esto había ocurrido por siglos. ¿Quien hubiera pensado que el hijo de un carpintero tendría el poder para hacer cosas así?

¿Pero, cuál era el significado de esta señal? Yo creo que era la introducción a todas las señales que seguirían.

El agua estaba guardada en seis tinajas de piedra. El agua y el número seis son simbólicos de la carne, o del plano natural. El vino, por el contrario, representa el espíritu. Cuando los discípulos esaban llenos del Espíritu Santo, el día de Pentecostés, se les acusó de estar borrachos de vino nuevo. Los que observan por afuera a veces no ven la diferencia.

Todos los milagros que Jesús haría después, se llevarían a cabo en lo natural, o en lo que la Biblia llama la carne. Cada uno era una señal de lo que más tarde ocurriría en el espíritu. A medida que los examinemos, veremos que aunque cada uno era maravilloso en sí mismo, apuntaba a algo mucho mejor que seguiría después. Eran una representación exterior de algo que vendría después.

¿Por qué se nos dice que las tinajas eran de piedra? La piedra es una sustancia muerta. La ley fue escrita en tablas de piedra, y era incapaz de dar vida. La ley del espíritu de vida de Cristo se escribe en nuestros corazones. El templo de Salomón fue construído de piedra, y nunca podría llegar a ser un templo en el cual Dios quisiera morar. Todos los altares del Antiguo Testamento eran de piedra, pero Dios quería altares vivos.

El agua tenía que ser sacada de seis tinaja de piedra sin vida, antes de poder ser transformada en el vino de vida del Nuevo Testamento.

Resucitar a los muertos

Una señora llamada Tabita, que vivía en la vieja ciudad de Jope, se enfemó y murió. Había sido una señora muy popular, debido a todas las cosas buenas que había hecho, y la ayuda que había prestado a muchos. Los discípulos llamaron a Pedro que fuera y orara por ella. Él le dijo que se levantara, y ella se levantó. Podemos imaginarnos el gozo y el jubileo de sus amigas. La noticia se extendió muy pronto por toda la ciudad.

Cuando Eútico cayó desde el segundo piso y murió, porque se había quedado dormido durante el sermón de Pablo, fue un momento terrible. La visita de Pablo, y todo lo que había estado compartiendo acerca de la revelación de Jesús, se cambió en temor y tristeza ante la muerte de un hombre joven. Pero cuando Pablo bajó y oró por él, todo se convirtió en euforia cuando Eútico recobró la vida. El impacto de algo así en la mente humana debe de durar toda una vida.

En Jerusalén, el día de Pentecostés, debió de haber muchas personas que se encontraban en tinieblas espirituales y en muerte. Pedro les habló con palabras de vida, en el poder del Espíritu Santo. Multitudes oyeron su voz y fueron traídos a vida espiritual por el mismo Espíritu Santo. No hay duda de que en la tierra habían diferentes reacciones ante este acontecimiento. Es probable que los amigos y los familiares de los nuevos creyentes estaban muy inquietos ante lo que había pasado, así como las autoridades religiosas.

Mientras que en la tierra habían diferentes reacciones, en el cielo habían celebraciones. Los ángeles pensaron que era maravilloso. Este era el mayor milagro de todos. Miembros de la raza humana, quienes habían sido 'muertos en sus delitos y pecados', habían recibido vida espiritual. Las palabras de Jesús se estaban cumpliendo. Este era el comienzo de las obras mayores de las cuales había hablado.

Resucitar a alguien de una muerte espiritual a una vida espiritual es mejor que levantar a una persona que está físicamente muerta. Esto es, por supuesto, a los ojos de Dios y en realidad. A nivel humano, resucitar a alguien que está físicamente muerto, es la cosa más grande que se puede hacer. La visión del hombre y la visión de Dios son dos cosas muy distintas, y estamos aprendiendo a tener la visión de Dios.

Vista a los ciegos

Abrir los ojos físicos de alguien que nunca ha visto es algo maravilloso. Imagínate el gozo de alguien quizá adulto al ver los colores por primera vez. Por supuesto hay gozo en la tierra cuando la vista de alguien es restaurada, o alguien que estaba ciego o ciega, recibe vista por vez primera. En el cielo hay gozo cuando alguien recibe vista espiritual. Jesús dijo que los Fariseos eran ciegos guiando a ciegos. ¡Aquí no se refería a su visión física! Tampoco se refería a sus conocimientos intelectuales. Conocían suficientemente bien las escrituras y podían enseñar las doctrinas correctas. ¡Su problema era que estaban espiritualmente ciegos! No podían ver a Dios, ni su reino. No habían sido nacidos de lo alto.

Cuando Pablo vió una luz más brillante que la luz de mediodía en camino a Damasco, cayó al suelo. Perdió su vista y no vió nada por tres días. Durante este tiempo no comió ni bebió. Entonces un discípulo llamado Ananías vino a verle, y con temor, oró por él para que recibiera la vista y fuera lleno del Espíritu Santo. Inmediatamente, las escamas cayeron de sus ojos, y su visión física fue restaurada. ¿Y su visión espiritual? A un nivel mucho más imprtante comenzó a recibir esto también. Sus ojos espirituales fueron abiertos.

Hasta este punto Pablo -en su vida religiosa-, sólo había visto las cosas terrenales. Conocía cada detalle moral de los mandamientos, los rituales y sacrificios de la Ley, pero no podía ver el reino de los cielos. No había sido nacido de lo alto. A raíz de la vista física que recibió, sus escritos han venido a ser parte de las sagradas escrituras, de bendición y ayuda a millones de personas en cada rincón del globo.

Dando de comer la multitud

Dar de comer a una multiud con sólo dos peces y cinco panes, sería una noticia principal en cualquier periódico de hoy en día. Los periódicos del cielo cuentan de aquellos que son alimentados con comida espiritual. Después de dar de comer a las multitudes Jesús dijo: 'Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo de Hombre os dará...' (Juan 6:27). Las multitudes estaban más emocionados cuando vieron lo que pasó que él. Él sabía que tendrían hambre al siguiente día.

Ninguna persona humana puede ver imágenes de niños raquíticos y hambrientos sin sentir profundo dolor y el deseo de hacer algo para ayudar. Gloria a Dios de que existen aquellos que dan de su tiempo y de su dinero en aliviar a tantos que viven en aflicción y pobreza. Pero Dios vé más que eso. Detrás de las tinieblas espirituales, vé la pobreza y la ceguera espiritual que lo han causado.

Tenemos que aprender lo que es comida espiritual. Tenemos que descubrir la diferencia entre carne y leche, y dar lo que es apropiado a quienes alimentemos. Buena comida espiritual engendrará gente espiritualmente sana. Aquellos que son espiritualmente fuertes harán mucho para aliviar las condiciones físicas de los demás.

Sanando a los enfermos

El poder de sanidad de los apóstoles cuando predicaban en Jerusalén, en Samaria y por toda Asia menor hasta Roma, gran gozo y asombro a cada ciudad que visitaban. ¡Las enfermedades físicas no son cosas agradables! En los días anteriores a la medicina moderna y de la seguridad social, era aún peor. Los que sufrían, no sólo sufrían el dolor, sino tambien pobreza al no poder trabajar. El poder sanar al cuerpo, sea a través del poder de Dios, o por la medicina, es ciertamente, una bendición muy grande. Pero es temporal, y no dura. ¡Ninguno que fue sanado por Pablo está sano hoy! Sus cuerpos se han descompuesto desde hace mucho tiempo.

Sanar a los que están espíritualmente enfermos es mucho mejor que sanar a los que están físicamente enfermos. Las enfermedades físicas y mentales, muchas veces se pueden curar con medicinas. La enfermedad espiritual sólo responde al poder de Dios. Si hablamos palabras de vida en el poder del Espíritu Santo, sanaremos a los que están espiritualmente enfermos. A través de nosotros el poder y el amor de Dios alcanza la enfermedad del hombre interior para traer sanidad y vida. Esto trae, a menudo, una mejor sanidad mental y física del hombre exterior también.

Caminar sobre las aguas

Caminar sobre las aguas es un milagro que vence la ley física de la gravedad. Los discípulos se quedaron maravillados y sintieron temor cuando vieron a Jesús caminar hacia ellos sobre el agua. Por el resto de su vida Pedro nunca olvidaría aquella vez en la que salió del barco y sintió que el agua bajo sus pies estaba firme. Hoy en día los aviones vuelan alto en el cielo, y los satélites giran alr

Hoy en día los aviones vuelan alto en el cielo, y los satélites giran alredededor de la tierra a grandes alturas. A través de la ciencia el hombre ha aprendido a vencer la ley de la gravedad.

Pablo descubrió otra ley de la gravedad mucho antes de que Issac Newton iluminar el mundo científico. Lo llamó la ley del pecado y de la muerte. Tenía una fuerza de atracción igual. Lo describe en las siguientes palabras: 'Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se revela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros'.( Romanos 7:19-23). Hay una fuerza carnal que tira hacia abajo que sólo podemos contrarestar con la fuerza del espíritu, que lleva hacia arriba.

Jesús caminó milagrosamente sobre las aguas de Galilea, pero también caminó en victoria sobre todo lo que esas aguas representan -la carne. Venció la ley espiritual de la gravedad. Este era el milagro más grande, que pondía en práctica todos los días de su vida.

Pablo también descubrió esta victoria y escribió, 'Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte'. (Romanos 8:2).

Progreso

Lo que hemos venido discutiendo es la progresión en el conocimiento y en la experiencia en Dios. Toda la Biblia describe la revelación progresiva de Dios al hombre. Nosotros deberíamos esperar una progresión en nuestra revelación de Dios en nuestras vidas, y a través de nosotros a otros, a medida que le conozcamos.

En las escrituras encontramos a menudo los comparativos mayor, mejor y más alto.

Conllevan la acción de subir del plano natural hacia el plano del espíritu. El Antiguo Pacto (o Testamento) era bueno, el nuevo es mejor, mayor y más alto.

Jesús habló las siguientes palabras acerca de Juan el Bautista: 'De cierto os digo: entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor és que él'. (Mateo 11:11). ¡Menudo enunciado! Juan el Bautista tuvo un efecto dinámico sobre la población entera de Judea. Sus atrevidas predicaciones hicieron que muchos se arrepentiesen y se bautizasen. Y sin embargo Juan sabía que sólo preparaba el camino para alguien que vendría después. Podía preparar a la gente para el que venía; pero no podía traer vida nueva él mismo. Su bautismo era sólo con agua y no con fuego del Espíritu Santo. El que era mayor, aún quedaba por venir.

La mujer en el Pozo de Samaria preguntó a Jesús si él era mayor 'que nuestro padre Jacob quien nos dio este pozo'. ¡Lo era! El agua que venía a dar era completamente distinta y superior al agua que Jacob les había dado. Era el agua de una nueva orden en Dios.

'¿Eres mayor que nuestro padre Abraham?' preguntaron los Judíos a Jesús. 'Antes que Abraham era, estaba yo' fue su respuesta. Abraham era un gran hombre, respetado y admirado hasta hoy en día por tres religiones distintas. Pero Jesús estaba en otro nivel completamente distinto.

Señales Falsas

Debemos ahora enfocar el lado negativo de nuestro tema y considerar el peligro de señales qu lleven a la decepción.

Si uno llega a una ciudad extraña, y no hay señales, es muy difícil que encuentre el camino. Por el contrario, ¡si hay cientos de señales que apuntan a nada, o apuntan en la direción errónea, es mucho peor!

Espiritistas, Budistas, Musulmanes, brujos, Shamans y muchos otros hacen milagros de varios tipos. Está claro que los seguidores de Jesús no se les ha otorgado el monopolio de poder hacer señales y prodigios.

Las escrituras hablan también de las señales falsas. Los primeros tres milagros que hizo Moisés delante de Faraón, fueron replicados por lo magos egipcios. Cuando Aarón tiró su palo al suelo y se convirtió en serpiente, los magos egipcios hicieron lo mismo. Cuando Moises convirtió las aguas en sangre, los magos egipcios hicieron lo mismo. Cuando Moisés y Aarón mandaron que las ranas saliesen del agua, otra vez, los magos egipcios les imitaron.

Cada una de estas últimas tres citas tiene un contexto similar. Todos hablan del fin de la era. Son para ahora. Vivimos en el tiempo de su cumplimiento.

¿Quién caerá en engaño? ¿Quienes son ests personas susceptibles? ¿Serán los que no tiene educación? ¿Serán los creyentes que aún no están establecidos? ¿Serán aquellos que no conocen las escrituras? Más importante, ¿como podemos nosostros evitar ser engañados?

Algunos créen que la respuesta está en conocer bien las escrituras. Dicen que si alguien está bien cimentado en la verdad de las escrituras, estará a salvo. ¡Epera un momento! ¿Y qué de los Testigos de Jehová? Ellos, como tantos otros pasan mucho tiempo escudriñando y enseñando la Biblia. Dicen que son los únicos seguidores de la Biblia. O bien están engañados, o bien todo el mundo lo está. Aunque el estudiar las escrituras es beneficioso, no es una garantía contra el engaño.

Conozco personas con un conocimiento muy profundo de las escrituras, pero que sin embargo han caído en engaño. Conocieron a otros 'creyentes', cuyas doctrinas eran muy semejantes a las suyas, y quienes parecían tener el poder de Dios. Eran señales y prodigios. La semblanza exterior era muy buena, pero en realidad eran falsos profetas. Eran lobos vestidos de ovejas.

Los Fariseos eran los estudiosos de la Biblia y profesores en los tiempos del Nuevo Testamento. Aunque conocían bien las Escrituras, esto no evitó que estuvieran en error. ¡Les guardó de la verdad! Cuando la gente se volvía, Jesús decían: '¿...también vosotros habéis sido engañados? ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los Fariseos? Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es' (Juan 7:47-49). ¡Fijaos en la ironía de esto! Según los Fariseos, la gente estaba siendo engañada por Jesús porque no conocían las escrituras!

Es triste que hoy en día todavía ocurra lo mismo. Conocer las escrituras no guarda a la gente del error, pero a veces sí de la verdad. Mucho de lo que la gente piensa que es enseñanza sana, es realmente una falsa doctrina cuyo objetivo es mantener a la gente dentro de los parámetros de un determinado grupo o denominación, que lo propaga.

Otros creen que la seguridad está en los números. Es posible que indivíduos o pequeños grupos se extravíen, pero la comunión con un grupo más grande nos protege de la decepción. Con unos pocos conocimientos de la histoia de la iglesia, vemos que esto no es así. Hay grupos con una variabilidad de miembros de uno a mil, que han caído en engaño. La organización cristiana más grande del mundo ha sido culpable de matar a todos los que se oponían a ella. Grupos de diversos tamaños han creído todo tipo de enseñazas raras, y han hecho todo tipo de cosas extrañas. Algunos no han hecho más que ponerse en ridículo, mientras que otros han sufrido grandes pérdidas a nivel físico y espiritual. Grupos extremos, como sabemos, han terminado cometiendo un suicidio en masa.

Los primeros en creer que la seguridad estaba en números construyeron la torre de Babel. Pensaron que si encontrasen un nombre para denominarse, y construyeran alrededor un muro, todo estaría bien. Muchos, más tarde, han seguido su ejemplo.

El estudiar la Biblia está muy bien, y tener comunión con otros creyentes en profundidad está bien, pero ninguna de estas bendiciones dadas por Dios garantiza que estaremos a salvo del engaño.

Jesús dijo, citando arriba, que falsos Crstos y falsos profetas aparecerían y harían grandes señales y milagros, engañando aun a los elegidos, si esto fuera posible. ¿Como podemos, pues, escapar de tal engaño? Juan, en el versículo que antes cité, nos dice quienes serán engañados. Serán los que moran en la tierra. ¡No aquellos que moran ahí físicamente, pero los que moran ahí de forma espiritual. Personas como Nicodemo quien podía ver las señales que Jesús hacía, pero no podía ver el reino de los cielos. El ojo natural puede ver las señales y los milagros, pero no puede ver más allá. No puede ver las cosas mayores a las que apuntan.

Jesús dijo dos veces a los fariseos 'Una generación adúltera y perniciosa busca una señal' (Mateo 12:39 y 16:4). Si enfocamos nuestros ojos en las señales mismas, estaremos en peligro de ser engañados. Formaremos parte de esa generación perniciosa e adúltera que busca una señal. Jesús usó la palabra adulterio, tal como se usó en las escrituras; es decir, para denominar a aquellos que dejaron de adorar a Dios para adorar a imágenes. Dios requiere que le adoremos en espíritu y en verdad. Si nos tornamos de este Dios invisible, hacia algo que nuestros ojos naturales ven, estamos comitiendo adulterio espiritual.

El único lugar seguro es el lugar que Cristo preparó para nosotros. Cuando seamos aquellos que moran (espiritualmente) en el cielo, sentados con él, estaremos en el lugar donde no seremos engañados.

Las palabras de Timoteo, entendidas espírutualmente, confirman la verdad de esto: 'y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión' (Primera Timoteo 2:14). ¡No la mujer física, sino la mujer espiritual! En las escrituras el varón representa el espíritu, y la hembra representa la carne. Mientras que andamos en la carne, con nuestros pensamientos controlados y limitados a lo natural, estaremos propensos al engaño. Mientras que nuestras mentes estén renovadas por el espíritu de Dios, estaremos a salvo.

Conclusión

Señales y prodigios y manifestaciones sobrenaturales son fenómenos que son corientes en iglesias por todo el mundo. Algunos están my entusiasmados con todo lo que está ocurriendo, otros están interesados, y otros están muy en contra.

Las señales y prodigios son cosas neutras en sí mismo. No son indicio de gran espiritualidad. Los discípulos echaron fuera demonios y sanaron a los enfermos antes de ser bautizados por el espíritu el día de Pentecostés. Gente de otras religiones, y sin duda con fuentes de poder muy distintos, han hecho cosas semejantes.

Cuando las señales y prodigios apuntan a la gente a las cosas mayores que se encuentran en la mente y en el corazón de Dios, no podemos hacer otra cosa que regocijarnos y estar contentos. Que Dios no permita que hablemos en contra.

Por el contrario, cuando apuntan hacia el ministerio de un hombre, o se llevan a cabo sin otro motivo, tenemos que tener cuidado.

Pablo, escribiendo a los Colosenses dijo: 'Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra' (Colosenses 3: 1,2). Como hemos visto, las señales y prodigios son cosas terrenales. Si queremos por un lado evitar los peligros de ser engañados, y por otro seguir adelante en nuestro caminar en Dios, haremos bien en seguir los consejos de Pablo.

Traducido por John McCulloch.

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